La integración y la buena convivencia no solo se decretan y legislan: se construyen. Y en este camino es desde donde el Ayuntamiento debe trabajar: fomentando y creando las herramientas necesarias para que esa deseable integración y convivencia puedan ser construidas por todos.
La educación y la cultura son parte de esas herramientas. Tengo la firme convicción de que con políticas abiertas, dinámicas y plurales en el ámbito cultural, no sólo vamos a tener un pueblo mejor, sino que además podemos aprovechar su carácter singular para generar puestos de trabajo.
En primer lugar quiero que los espacios públicos estén abiertos a los vecinos y a sus asociaciones y que sean cedidos siguiendo criterios administrativos y nunca más políticos. Tenemos en este pueblo una gran tradición de participación que ha desaparecido en esta legislatura pero que vamos a recuperar en la próxima.
La Casa de Cultura tiene que transformarse en un espacio desde el que se fomente la iniciativa ciudadana y brinde la posibilidad de compartir aficiones a los vecinos: Teatro, música, cineforum, artesanías, cocina regional, grupos de consumo, asociaciones culturales, un club de ciencias y de ajedrez… son muchas de iniciativas que crecen en el pueblo aisladas y que se pueden reforzar.
Quiero una Escuela de Música y Danza que tenga un verdadero proyecto de participación e integración, con actividades para todas las edades.
Quiero que la Casa de Cultura, la Biblioteca y se recupere el CAPI para que sean lugares de encuentro permanentemente y ofrezcan estímulos para la creación, el estudio y la curiosidad.
La Cultura no es cara en términos económicos y a cambio da enormes réditos en términos sociales y en nuestras vidas.






